20 minutos en bici que cambiaron mi rutina

Hace más o menos dos años hicieron un carril bici que va desde mi pueblo hasta la universidad donde estudio. Desde mi casa hasta allí hay unos 20 minutos en bici, que es prácticamente lo mismo que se tarda en coche, teniendo en cuenta los semáforos y el tiempo de buscar aparcamiento.

Pues bien, ahora haremos un pequeño salto temporal hasta hace unos meses. Mi hermano pequeño se sacó el carnet de coche, y el problema es que solo tenemos uno, así que hay que compartirlo. Fue entonces cuando se me ocurrió la brillante idea de ir en bici.

La vergüenza inicial

Al principio me daba bastante vergüenza. Todos mis amigos iban en coche, y yo también había ido siempre en coche. Además, mi bici es antigua, de esas que ya chirrían al frenar. Pero bueno, finalmente me armé de valor y fui.

¿Qué pasó? Pues al principio mis amigos se extrañaron, me preguntaron cómo es que ahora iba en bici… y luego, nada. He seguido yendo en bici a la universidad.
Fin.

¿Por qué no se me ocurrió antes?

Puede parecer una tontería de post —seguramente no es el más elaborado de la historia—, pero hay algunos matices que creo que vale la pena comentar.

En primer lugar, me viene a la mente una pregunta que ataca directamente mi capacidad intelectual:
¿Por qué no se me había ocurrido antes?

Tardo lo mismo que en coche, hago algo de deporte y no contamino.
Entonces, ¿por qué, pese a tener un carril bici ahí, nunca se me había pasado por la cabeza usarlo?

La verdadera razón

La respuesta no es muy reveladora, pero sí muy real. Cuando estás cómodo, ni siquiera te planteas la opción de mejorar. Yo estaba muy cómodo yendo en coche, aunque algunos días me pasara 15 minutos buscando aparcamiento.

Pero hay un segundo motivo que creo que toca más la fibra: nos aterra diferenciarnos del resto.

Es mentira que nunca se me hubiera ocurrido ir en bici. Simplemente, nunca lo había considerado una opción. Todos mis amigos iban en coche, todos gastábamos gasolina y perdíamos el tiempo buscando sitio… Y sin embargo, preferíamos seguir haciendo lo mismo que los demás antes que destacar por hacer algo distinto, aunque fuera más lógico.

Lo que aprendí pedaleando

Al final del día, son esas pequeñas decisiones las que terminan definiendo tu personalidad. Tampoco te pienses que los demás te van a juzgar tanto: todos mis miedos por lo que dirían se esfumaron en cuanto fui. Nadie le dio mucha importancia más allá de los primeros días.

Haz lo que tengas que hacer, y deja de preocuparte tanto por lo que piensen de ti.

Hay una frase que me encanta (aunque no sé de quién es):

“Crees que todo el mundo piensa en lo que haces,
pero la verdad es que la gente está más pendiente de lo que los demás piensan de ellos.”

Cierre

Post sencillo hoy, pero creo que es una verdad que, aunque todos hemos oído mil veces, cuesta aplicar. Nos vemos en el siguiente 🚴‍♂️

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