La decisión incómoda siempre es la correcta

El primer día de trabajo, la primera clase de piano, o cuando vas a un sitio nuevo a buscar setas… Todos hemos sentido ese nerviosismo, ese impulso de quedarnos en casa. Ahora mismo quizás te cuesta reconocerlo, pero si lo piensas, probablemente estabas asustado.
Nuestro cuerpo nos pide seguridad. Nos dice: “no vayas, quédate donde ya sabes cómo funciona todo”. Pero justo ahí está el error.

Las primeras veces siempre dan miedo

Hay decisiones que no podemos evitar: empezar en un nuevo trabajo, en la universidad, o mudarnos. Por mucho miedo que tengamos, hay que hacerlo. Y lo curioso es que, pasado un mes, todo se vuelve normal.
Lo mismo pasa cuando vas a buscar setas a un lugar nuevo. Al principio dudas: “¿y si no encuentro nada? Mejor voy al sitio de siempre y me aseguro”. Pero si te atreves, acabas descubriendo un nuevo lugar que funciona igual o mejor que el anterior.
Así es como se expande tu mundo: enfrentándote a lo desconocido.

El miedo no es real

Lo malo es que muchas veces dejamos de hacer lo que queremos solo por miedo.
Ese miedo, en realidad, es una ilusión.
Nuestra mente busca protegernos manteniéndonos en terreno conocido: las mismas personas, los mismos lugares, los mismos hábitos. Pero paradójicamente, ahí es donde menos seguros estamos, porque no hay crecimiento.Cada vez que te enfrentas a una incomodidad, estás empujando los límites de tu zona de confort.
Quizás seas adulto y te dé vergüenza apuntarte a una nueva actividad o deporte. Hazlo igual.
El primer día será incómodo, el segundo un poco menos, y al cabo de un mes, te sentirás como en casa.
Tendrás nuevos conocidos, nuevas habilidades, y sobre todo, una nueva versión de ti.

La decisión correcta siempre incomoda

La próxima vez que sientas ese gusanillo en la barriga, esa duda entre avanzar o quedarte donde estás, recuerda esto:

La decisión correcta suele ser la que te incomoda.

Puede que existan opciones más cómodas y también válidas, pero en el 99% de los casos, la que te hará crecer es la que más miedo te da.

Un ejemplo real

Imagina que te gustaría aprender a tocar un instrumento, pero ya no eres un niño. Tienes dos opciones:

  1. Aprender por tu cuenta, a tu ritmo y sin presión.
  2. Apuntarte a una escuela de música, con un profesor, horarios y compromiso.

A simple vista, parece que la escuela es la opción más exigente y por tanto, la más efectiva. Pero cuando llega el momento de decidir, aparecen los fantasmas: “voy a ser el mayor de la clase”, “qué vergüenza”, “no tengo tiempo”…

Ahí es donde entra la clave:

Cuando dudes entre ir o quedarte en casa, esa duda es la señal de que debes ir.

Conclusión

El miedo inicial es solo el precio de entrada a una vida más amplia.
Así que la próxima vez que te tiemblen las manos antes de hacer algo nuevo, sonríe:
significa que estás a punto de crecer.

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