Personalmente me encanta leer. Por suerte, de pequeño se me inculcó ese hábito y, como también soy amante de las buenas historias y un chico curioso, he leído bastantes libros.
Novelas históricas, fantasía, historia, filosofía, autoayuda, clásicos, nuevos… En fin, tampoco soy un “super lector”, pero es una actividad que disfruto mucho y que me ha acompañado siempre.

Una curiosidad que se volvió incómoda
Hace unos meses quise informarme sobre el conflicto entre Palestina e Israel. Me intrigaba entender el origen de tanto odio, guerra y violencia.
Sabía que actualmente los dos bandos estaban enfrentados por unos ataques de Hamás a Israel, pero eso no era lo que me interesaba. Quería ir más atrás: descubrir qué puede hacer que las personas se maten sin piedad durante décadas.
Finalmente, llegué a una conclusión que me perturbó: Dios.

Cuestionarlo todo
Como europeo, criado en una sociedad donde la religión está en decadencia, no podía entender cómo tanta gente se mataba por una idea que me parecía más irreal que real.
Me considero agnóstico: no sé si Dios existe o no, aunque siempre me he inclinado más por pensar que no.
Una historia basada en la fe, sin pruebas científicas, simplemente no tenía sentido para mí.
Pero entonces me vino un pensamiento que me descolocó:
¿Y si no soy yo quien tiene razón?
¿Y si no toda esa gente que cree en Dios es ignorante?
No podía ser que una historia que ha dado sentido a la vida de miles de millones de personas durante miles de años fuera solo un cuento estúpido. Tenía que haber algo más.
El libro que todos conocen pero casi nadie lee
Así que busqué respuestas. Y solo se me ocurrió un lugar donde quizá las encontraría.
A pesar de haber leído cientos de libros, nunca se me había pasado por la cabeza leer ese.
La Biblia.
Puede que pienses que es un libro de fantasía o de mitología. Yo también lo pensaba.
Pero lo siento: no.
Vivimos en una sociedad que cada vez desprecia más la religión y sus ideales… y, curiosamente, también vivimos en la época con más problemas de salud mental.
No quiero hablar de iglesias, del papa ni de instituciones religiosas.
Quiero hablar del texto en sí, de lo que está escrito en los Evangelios. De lo que dijo Jesús.
Lo que descubrí ahí dentro
Con palabras no sabría transmitirte exactamente lo que sentí al leerlos, así que diré solo esto:
La Biblia es el mayor libro de desarrollo personal que existe.
Ni Padre rico, padre pobre, ni Hábitos atómicos, ni nada parecido.
Si te sientes perdido en la vida, lee la Biblia. Vas a encontrarle sentido a muchas cosas.
Y no, no te estoy intentando convencer de creer en Dios.
Sigo considerándome agnóstico, y en la Biblia no he encontrado ninguna prueba de que Dios exista.
Pero esto no va de creer o no creer. No va de decir “seamos todos buenos”.
Va de algo más difícil de explicar: una sensación de haber descubierto una verdad profunda, algo que te hace mejor sin saber muy bien por qué.
Y repito: puedes ser la persona más atea del mundo, y aun así sacar provecho de leer los Evangelios.
Dos aclaraciones antes de terminar
Primero: no creo en Dios. Lo repito porque no quiero que parezca que estoy haciendo propaganda religiosa. No voy a misa, ni me interesa convencer a nadie.
Segundo: no es casualidad.
No es casualidad que el cristianismo se haya extendido por todo el mundo. No puede ser solo porque la gente sea ignorante. Hay muchos creyentes por tradición, sí, pero también muchos por convicción.
La Biblia es ese libro que todos conocen, pero casi nadie se plantea leer.
Y sin embargo, ahí, desde hace más de 2000 años, hay una sabiduría que ha cambiado la vida de millones de personas.
Una sabiduría que poco a poco, por creernos que ya lo sabemos todo, vamos despreciando y enterrando.
La información está ahí, al alcance de tu mano.
La cuestión es si vas a ignorarla… o vas a atreverte a abrirla.





