Hola, hace más de una semana que no escribo por aquí. ¿Cómo estás?
Hoy no es un día cualquiera. Es 24 de diciembre de 2025 y son las ocho de la tarde. Dentro de poco me iré a cenar con mi familia, así que voy a intentar ser breve para poder explicarte algo.
Creo que en un día tan especial a veces resulta complicado decir algo. Todo el mundo busca lucirse y estar a la altura de la ocasión, y no es para menos. Pero es precisamente en estos momentos, cuando las expectativas son tan altas, cuando por querer hacerlo bien y no defraudar a nadie nos esforzamos más que nunca. Le damos vueltas y vueltas a la cabeza, perfeccionamos hasta el más mínimo detalle e intentamos satisfacer a un público cuyas expectativas ya son tan elevadas que resulta difícil sorprenderlo.
Saliéndome un poco del terreno de la Navidad, me doy cuenta de que el mundo avanza hacia cosas cada vez más espectaculares: rascacielos increíbles, canciones con mil sonidos y a toda velocidad, los mejores teléfonos, las mejores tecnologías. Y, pese a todo esto, pese a tenerlo todo, no somos tan felices como nos gustaría.
Creo que a veces nos esforzamos tanto en el envoltorio que nos olvidamos del regalo. Así que lo mejor que creo que puedo decirte hoy es simplemente esto:
Feliz Navidad.








