En el verano de 2023, un amigo mío y yo tuvimos la brillante idea de hacer un voluntariado en Francia. Era la primera vez que hacíamos una actividad de ese estilo y nos íbamos solos a otro país con gente que no conocíamos. La verdad es que fue una experiencia increíble, y gracias a ese pequeño esfuerzo de enfrentarnos a lo desconocido obtuvimos como recompensa grandes amigos y una vivencia extraordinaria.
El voluntariado estaba ubicado en un pequeñísimo pueblo del sur de Francia, y nuestra tarea consistía en construir un muro de piedra seca que adornaría un parque.
La última noche: el inicio del caos
Pero hoy no quiero hablar sobre las ventajas de hacer un voluntariado internacional, como ya hice una vez en este blog. Hoy quiero contar una de las anécdotas que vivimos, y la verdad es que fue legendaria.
Después de dos semanas muy divertidas, se acercaba el momento de despedirnos: era la última noche, y al día siguiente cada uno volvería a su casa, poniendo fin a aquella bonita experiencia. Todos estábamos un poco tristes. Después de cenar, nos sentamos un rato al aire libre a tomar el fresco y charlar. Estábamos en un campamento a las afueras del pueblo, prácticamente al lado del bosque, y desde allí teníamos una vista privilegiada de las estrellas.

Un juego inocente… o eso creíamos
Como era la última noche y queríamos aprovecharla, se nos ocurrió de casualidad un juego bastante peculiar. No recuerdo cómo se llamaba, pero las normas eran sencillas: uno del grupo debía esconderse, y los demás tenían que buscarlo mientras hacían constantemente un sonido. La gracia era que, si encontrabas al que se había escondido, debías esconderte con él y dejar de hacer ruido. Así, los últimos que seguían buscando oían cada vez menos voces, lo cual era bastante inquietante. Obviamente, no valía esconderse muy lejos.
La desaparición misteriosa
La partida empezó y la chica que se escondió lo hizo tan bien que nadie la encontraba. Era de noche, apenas nos veíamos, pero podíamos escuchar a los demás, así que sabíamos que nadie la había descubierto todavía. Pasó el rato y, como era de esperar, las voces fueron desapareciendo una a una. Mi amigo y yo empezamos a rallarnos porque no queríamos quedarnos los únicos buscando, así que nos pusimos las pilas.
Pasó mucho rato y no encontrábamos a nadie, hasta que de repente… ¡salieron todos! Habíamos perdido, porque llevábamos una eternidad buscando. Felicitamos a la chica que se había escondido tan bien y nos reímos un buen rato, hasta que de pronto notamos que faltaba un amigo entre nosotros.
Pánico (y risas) en el bosque
Empezamos a buscarlo durante un buen rato, pero no obtuvimos ninguna señal suya y empezamos a preocuparnos. De repente, a mi amigo le dio por mirar el móvil y vio que tenía varias llamadas perdidas del compañero desaparecido. Lo llamó enseguida y, tras unos segundos de tensión, el chico respondió: decía que estaba perdido en medio del bosque. Había empezado a caminar buscando a la chica, no la encontraba y se había desorientado.
Nosotros flipando. Corrimos hacia el bosque mientras él nos decía que le quedaba poca batería y que nos diéramos prisa. Llegamos al inicio del bosque y le pedimos que gritara para intentar localizarlo. Pegó un grito épico que se oyó perfectamente por el móvil… pero en la realidad, nada.
Empezamos a preocuparnos de verdad. La única opción era internarnos en el bosque a buscarlo, con el riesgo de perdernos nosotros también. Así que nos adentramos poco a poco, intentando no desorientarnos. Le pedimos otra vez que gritara, y esta vez sí lo oímos. El chaval estaba lejísimos. En ese momento nos entró uno de los ataques de risa más fuertes que he tenido en mi vida. ¿Qué hacía ese pobre chico buscando a la chica en medio del bosque de noche, cuando habíamos dicho que no valía alejarse tanto? Espectacular.
Finalmente lo encontramos: tenía tan poca batería que ni podía encender la linterna. Nos dio las gracias mil veces y, cuando volvimos al campamento, nos recibieron como auténticos héroes.
La moraleja detrás de la locura
De verdad, no podíamos parar de reír. Fue una noche inolvidable.
Y como conclusión de esta pequeña historia: cuando sales de tu zona de confort, las experiencias únicas e inesperadas empiezan a sucederse una detrás de otra.
Qué risa, por favor.





