Entre ayer y hoy he descubierto una cosa. Una cosa que siempre había sabido que existía, pero a la que jamás le había dado importancia. Una cosa que conocía, que sabía que estaba ahí —igual que vosotros—, pero que por algún motivo nunca me había llamado la atención.
El puto LoL.
Vale, antes de que os riáis de mí, dejad que me explique.
Mi historia con los videojuegos
Siempre me han gustado los videojuegos. Nunca he sido un superjugador porque de pequeño no tuve consolas ni ordenadores buenos, así que no pude viciar como la mayoría. Cuando crecí y pude comprarme un PC decente, empecé a jugar más: Minecraft, Fortnite, Clash Royale… lo típico.
Pero por alguna razón nunca, pero nunca, hubo nada del LoL que me llamara. No sabía ni cómo se jugaba. Solo que era famoso.

Las canciones: mi única conexión con LoL
Bueno, miento. Había una cosa del LoL que sí me flipaba: sus canciones.
Las había escuchado bastante, y hace unos días me volvieron a salir recomendadas en YouTube. Me enganché fuerte. Y justo ese enganche coincidió con las finales del mundo de 2025.
Cuando YouTube decide tu destino
Como estaba escuchando música del LoL, YouTube me recomendó un vídeo de Ibai reaccionando a las Worlds 2025.
Me interesó la inauguración. Sonaban temazos y el show era brutal. Luego llegaron las presentaciones de los equipos.
Sinceramente, no conocía a nadie y me daba igual. Yo solo estaba disfrutando la puesta en escena.
El momento que no entendía pero que me atrapó
Pero algo cambió.
Ibai y los comentaristas empezaron a emocionarse muchísimo. Yo no entendía nada, pero se notaba que algo épico estaba pasando.
Miré otros vídeos para enterarme. Me informé sobre quién era Faker, sobre su equipo, sobre su historia. Vi el trabajo que habían hecho, lo felices que eran cuando ganaban.
Y me dio el típico gusanillo:
“Ojalá tener algo por lo que esforzarme así y sentirme realmente orgulloso.”
Ese sentimiento que también me pasa viendo a futbolistas. Pienso: joder… ojalá estar ahí.
Una frase que se quedó conmigo
Pero entonces recordé una frase.
Volví al vídeo donde me pareció escucharla, y ahí estaba.
Oner dijo:
“Para llegar hasta aquí he tenido que sacrificar mucho. He tenido que renunciar a muchas cosas que disfrutan los jóvenes de 20 años, pero para lograr cosas grandes hay que esforzarse.”
La valentía que envidio
Y ojo: lo que me quedó grabado no es lo que crees.
No me quedo con la idea de dejar de disfrutar o convertirse en un obsesionado.
No.
Me quedo con la envidia. Con la valentía de Oner. Con que sacrificó todo por un solo objetivo. Uno que perfectamente podría haber salido mal. Lo apostó todo a ser jugador profesional. Algo improbable. Algo que da miedo.
8. Mi problema: hacer un poco de todo y mucho de nada
Yo soy mucho más cagado en ese sentido, y debería dejar de serlo.
Hago un poco de universidad.
Un poco de blog.
Un poco de piano.
Un poco de judo.
Algún vídeo en YouTube.
Pero eso es hacer las cosas a medias. Y cuando lo ves, es frustrante.
La frase de Arnold Schwarzenegger siempre la he evitado:
“Tienes que obsesionarte con tu objetivo.”
La evitaba por miedo:
— ¿Y si apuesto todo a esto y fracaso?
— ¿Y si luego qué?
Ese miedo es exactamente lo que te deja en la zona gris.
El mito de “encontrar tu pasión”
Muchas veces he pensado: “Ojalá encontrar lo que me apasione”. Eso que haces sin esfuerzo porque te encanta. Pero… ¿y si funciona al revés?
¿Y si te empieza a encantar algo cuando ya lo dominas?
¿Y si simplemente tienes que elegir una cosa e ir a por ella?
Da miedo tomar una decisión así, especialmente cuando ya no eres un niño y sientes que tu futuro depende de eso.
La paradoja del riesgo
Pero la parte más loca es esta:
Quizá la opción más arriesgada no es elegir mal…
sino no elegir nada. Todos admiramos a los que salen con la copa, esos son muy valientes.







